Confieso que he viajado

Doble Cruce de los Andes a Caballo


Y quiero compartir con todos, la dicha de aquel viaje único y trascendental. Todo comenzó con la sorpresiva carta de mi hijo Matías. ¿Vamos a cruzar los andes a caballo? Me decía en un párrafo corto y urgente. Cinco días por la cordillera de los Andes. Sin dudarlo dije si y hoy lo volvería a decir, porque las vivencias compartidas, no sólo con él, sino con aquellos quince desconocidos, en los lugares más alucinantes que uno se pueda imaginar, no me dejan lugar para la duda.


Aquel domingo de enero estaba algo fresco al sur de Malargüe, en la provincia de Mendoza. Después me daría cuenta que siempre hace frío en la cordillera. Amablemente nos pidieron que nos despojáramos de celulares, relojes, radios portátiles y todo lo que nos vinculara con la “civilización”. Escuchamos una breve charla de cómo debíamos manejarnos los próximos cinco días y de cómo entendernos con el caballo asignado, él y sólo él nos llevaría a un lugar seguro. Nos dieron una pequeña alforja de tela, donde cargamos con las pocas prendas de invierno, una cámara fotográfica, anteojos de sol, pañuelo, sombrero y una linterna. ¡Cinco días!...en medio de la nada…¡y sin nada!...


Pero no. Delante de la columna, abriendo la marcha, un baqueano con dos mulas cargadas con lo que sería la logística. Carpas, elementos de cocina, enseres varios y comida para cinco días a la intemperie. Y más adelante, mucho más adelante, las montañas imponentes de los Andes. La aventura comenzaba. Promediaba la tarde del domingo y la primera orden que recibimos fue, ponerse rompe vientos, las nubes pronosticaban lluvia y ventisca. ¡Buen comienzo! Salimos de un paraje llamado Las Loicas, muy cerca de la frontera con chile. Alguien señaló a lo lejos el Cerro Campanario, límite entre los dos países, para el miércoles estaremos pasando cerca. El atardecer se nos presentó cruzando el paso Pehuenche y veíamos la ruta apenas dibujada casi a dos o tres kilómetros, después nos aclaró nuestra guía que no usaríamos caminos convencionales, toda la travesía sería a través de pasos que no figuraban en los mapas. Entonces no pude dejar de recordar la epopeya Sanmartiniana. Nosotros nos sentíamos un poco granaderos en semejante majestuosidad.


La primer noche nos encontró en un amplio valle de verdes intensos, al que llamaban Puesto Villarino, sobre un costado rocas gigantes formaban paredes que nos protegían un poco del viento que lentamente se presentaba frío. Una hondonada profunda marcaba la presencia del arroyo. Nuestra fuente de agua mineral. ¡Gratis!

Con las últimas luces del atardecer dieron la segunda orden: ponerse ropa de invierno. Claro cuando uno miraba hacia los costados, podía ver que no existía refugio alguno. Era cierto eso de que había que pernoctar bajo las estrellas, aún así armaron carpas para los que eso de: “un manto de estrellas que te cubre”, no nos caía en gracia, más aún con el frío acompañando la noche. Luego la primera cena, el primer fogón, conocernos, contarnos de dónde veníamos y porque estábamos allí. Cómo extraños personajes escuchábamos nuestras voces que salían de las pequeñas linternas que llevábamos en la frente, algo así como mineros escapados de cuentos fantásticos. La oscuridad nos hacía imaginar las caras y los gestos, las sombras anaranjadas, hacían todo el resto. Las risas de un sinfín de anécdotas se fueron apagando con el cansancio y lentamente nos fuimos acomodando cada uno en el lugar elegido, para pasar aquella primera noche, fría, plagada de estrellas, con una oscuridad profunda y envolvente, una noche repleta de expectativas y de nuevos amigos.


Fueron seis días en los que el tiempo se detuvo, allí sólo se contaba la salida y la puesta del sol, un tiempo donde no alcanzaban los brazos para abrazar ni los ojos para ver, acaso todo lo sentíamos en la piel. El silencio de aquella inmensa llanura, rodeada de montañas multicolores, llamada Cajón Grande, nos llevó a las termas del mismo nombre alejadas de todo pero cálidas en su esencia y luego el primer ascenso por las laderas, al borde de los pricipicios de los que nunca imaginé transitar, ni caminando, ni a caballo. Ahí aprendí a confiar plenamente en el animal, en su seguridad y su paciencia que a paso lento, sorteaba todo tipo de terreno. Yo miraba el paisaje que cambiaba constantemente, le daba nombres imaginarios a las diferentes formas que aparecían en cada recodo y las compartía con los otros jinetes, que tampoco salían de su asombro y eso provocaba risas y calmaba los nervios de los miedos nuevos. La presencia de los cóndores se hacía sentir en el graznido cercano y la figura sobresaliente cortando el aire, a veces alto,…muy alto y otras demasiado cerca. Su sombra nos estaba diciendo quien era el dueño de aquellos lugares y en esas alturas me sentí bien y no dejaba de premiarme la idea de estar ahí.


La segunda noche nos encontró en un paraje llamado El rezago. Al frío reinante lo acompañaba un viento fuerte y penetrante…


CONTINUARA…

autor: Gilberto Mendez

Hoy vuelvo a trabajar después de la aventura en la cordillera.

Doble Cruce de los Andes a Caballo


Hoy vuelvo a trabajar después de la aventura en la cordillera. Despertador, desayuno a las apuradas, mirar el reloj a cada rato porque se hace tarde, subte, gente que te pasa por arriba, transito, bocinas, ruido... Todas esas cosas que en la montana ni te acordás que existen. Allá el despertador no suena, la luz del sol sobre los cerros te va despertando de a poco, mientras abrís un ojo ves que un baqueano va prendiendo una fogata para preparar el desayuno, tenés todo el tiempo del mundo para caminar, lavarte en esos arroyos mágicos, te comes unos panes tostados en la parrilla con dulce y unos mates hechos con el mismo agua increíblemente cristalina del arroyo. Mientras preparas tus cosas, los guías y baqueanos preparan los caballos, todo es con el tiempo suficiente y de sobra para disfrutarlo.


Estoy llegando a la oficina y sé que me esperan una catarata de mails y miles de cosas y problemas para ponerme al día, esas cosas que desde hace una semana también me había olvidado que existen. Porque en la montaña arrancar la jornada es subirse a tu caballo y dejarte llevar por paisajes fantásticos que en un momento llegan a ser tantos que parece que te acostumbras a estar sorprendido y que si no les sacas fotos no te los podes acordar todos. Las charlas con esa gente, que hace 24 horas eran completos desconocidos y de golpe se transforman en tus amigos, te completan esos largos periodos en que no te queda otra que escuchar el silencio, pensar en vos, en tu caballo y en el entorno maravilloso. De pronto aparece una bajada complicada, los baqueanos revisan los caballos y a bajar, da vértigo, adrenalina, y encima te aparece un cóndor que te vigila desde unos poquitos metros, todo siempre es maravilloso.


Después del trabajo duro, mas para los caballos que para los jinetes, llega la recompensa, una laguna encantada dentro de los cerros, de colores verde o azul bien intensos, o un arroyo de esos que se ven solo en publicidades, o un valle con vistas que hacen que uno no pueda parar de sacar fotos. Solo se puede parar porque el almuerzo o cena están listos, y ojala hoy en mi almuerzo pueda comer un chivo asado, una buena picada, unos duraznos con dulce de leche o algo de todo lo que comí en vez de un sándwich a las apuradas. Es lunes y solo pienso en que termine la semana, y ojala el fin de semana fuera en el hotel, con la pileta, con la cena y baile con amigos, desconocidos hasta hace muy poquito pero de los que ahora no me quiero separar mas. Ya estoy llegando a la oficina, lamentablemente la fantasía de recordar lo que acabo de vivir se acaba, los que están alrededor mío me miran como a una puerta mas del subte, no tienen ni idea que yo estoy haciendo fuerza para que no se me caiga un lagrimón mientras recuerdo todo lo que me paso. Y ahora, antes de entrar a mi rutina, solo pienso cuando voy a salir y volver a esa que no puedo parar de recordar.


Autor: Sebastian Rabai

La Comunidad de la Montaña

Cabalgata de los Valles


Este relato simplemente intentará transmitir, desde el punto de vista de uno de los protagonistas, algunas de las vivencias de un grupo de personas que compartieron una experiencia inolvidable cabalgando por la cordillera de los Andes.


Cuando con Celeste decidimos hacer este viaje, se trataba sólo de una alternativa al programa original, el ascenso al volcán Lanín. Convencidos de que sería una linda experiencia pero de menor exigencia que el Lanín, imaginamos un paseo por hermosos paisajes montañosos. Expectativas? Pasarla bien, entrando en contacto con la naturaleza como en otras ocasiones… A medida que se acercaba el día de partir a Mendoza, la ansiedad se traducía en incertidumbre acerca de cómo resultaría todo, cómo hacer para estar una semana sin poder comunicarnos con nuestras pequeñas hijas, y a 2000 km. de distancia!!!…Saldrá muy caro alquilar un teléfono satelital? pregunta Cele…yo llevo el celu y en una de esas arriba de la montaña capaz que agarramos señal y las podemos llamar, decía yo. Pero íntimamente los dos sabíamos que eso no era posible.


Con la lista de elementos a llevar, prolijamente impresa para revisarla y no dejar nada librado al azar, empezamos a armar las mochilas…Uh che, no tengo remeras dry-fit… 2 camisas manga larga? ma si, yo llevo remeras de manga larga…Cómo es esto? las mochilas quién las lleva?…los elementos personales van en alforjas…pero todo esto ni en pedo entra en alforjas!!! Bombachas de campo? yo tengo una…yo me tengo que comprar un pantalón largo, uno cargo seguro está bien.


Vamos a Retiro, llegamos casi una hora antes….ansiedad será? mejor estar con tiempo. Lindo micro, cómodo, mate, bingo, cena (con un plato caliente y vino!!!) ….llegamos a San Rafael, mientras esperamos la salida del micro que nos llevará a Malargüe se empieza a armar el grupo, conocemos a Fer, el guía de Bs. As., a una señora alemana que parece simpática (Sabine), a un chico grandote con cara de buen tipo (Diego), a una chica atractiva con muchas expectativas (Andrea) y a otras chicas que forman el grupo de la multiaventura guiados por Esteban.


Llegamos a Malargüe, bajamos frente a la plaza, el grupo está disperso, nos acercamos a un bar donde dos chicas cómodamente sentadas disfrutan de una Stella bien fría. Uds. van a la cabalgata?… Sí…nosotras también!!! Pero falta para salir, no? …el horario de encuentro era a la una y ya son la una…Uy, qué vergüenza! y nosotras tomando cerveza, vengan tráiganse unos vasos (creo innecesario aclarar quiénes eran esas chicas…pero bueno, para los distraídos: Fabi e Inés). Se suman otros tres que vienen con auto propio (los cordobeses, Cecilia, Fernando y Marcela). Irán a la cabalgata?, a la multiaventura??? hay mucha gente dando vueltas, y ahora? a dónde vamos? Llega una Van nuevita y empezamos a cargar las mochis, y una valija??? si, la de Inés…


Paramos en la YPF, una pasajera tiene un llamado en el celu de Marcelo Alaniz (el guía de cabalgatas de AEX, que vive en Malargue y parece un tipo simpático y campechano), el papá de Andrea le pide que la cuide “especialmente”. Ya empezamos con los llamados? por favor…que a mi vieja no se le ocurra llamar! no quiero quedar quemado! le dije que sólo para emergencias… Nos despedimos de los de la multiaventura, tomamos la ruta, y ahora? a dónde carajo vamos?…que largo se está haciendo, quiero subirme al caballo ya!!! No, todavía falta…


Estamos en la casa de Marcelo, comemos unas ricas empanadas, nos dan las alforjas….y qué ponemos acá?… todo lo que tienen que llevar…todo??? pero si acá no entra nada!!!…habrá que dejar las cremas y el maquillaje…Todos tienen pantalones largos, no? ni jean, ni pantalones con cierre, abrigos, polar??? Yo tengo sólo jeans (dice Gaby)…pero no te dijeron lo que tenías que traer?..no, a mi nadie me dijo nada…a nosotros sí, nos dieron una lista pero no decía nada de que los pantalones no tenían que tener cierre. (miro a Gaby y pienso “esta mina a dónde pensaba que iba? a un shopping?…que mal la veo”). Por fin, cargamos nuevamente la Combi (ahora con las alforjas) y nos hacen dejar las mochilas, con los celulares (no voy a poder intentar llamar a las nenas!!!) y también los relojes (qué exagerados!!!). Marcelo nos presenta a otros integrantes de la expedición pero no son cualquiera como nosotros, son familiares de él (Deby, su mujer, Marcelo P., Silvana y sus 3 hijos? no son muy chicos para hacer la cabalgata?)


Ahora sí, salimos….no, no, qué es ese ruido que se acerca? y cómo se mueven los árboles!!! Granizo!!! todos adentro de la casa, ya!!! ohhh, que linda forma de empezar…si nos llega a agarrar este granizo arriba, qué hacemos???


Subimos a la Combi. Estamos camino a Las Loicas, ruta 40….no llegamos más!!! Ahora sí, bajamos, tomamos unos mates, parece que estamos por partir pero…


Fer nos aclara que lo que vamos a hacer es “Una expedición de alta montaña a caballo…. expedición de alta montaña a caballo… expedición de alta montaña a caballo” y que puede haber viento, lluvia, nieve, frío, etc…es decir, una bosta! espero que se equivoque. Marcelo A. toma conciencia que apenas el 30% de los supuestos jinetes saben cabalgar, igual parece estar muy seguro. A todos les van dando un caballo, cuándo me toca a mí??? Finalmente, Eugenio me pregunta “le parece bien este?” y yo que le voy a decir…si era el último que quedaba!


Comienza la expedición, todo tranquilo, cada caballito por el senderito…subimos el primer cerrito, parece estar todo bajo control, pero…”mi caballo hace cosas raras, cabecea, se queja, será normal? me parece que me cagaron, y sí, seguro que no esperaban tanta gente y consiguieron este caballo medio de última….” Estamos arriba del cerro pero, qué pasa??? mi caballo se está echando …y conmigo arriba!!! A mi me habían prometido un caballo, no un camello… Todos se ríen (y yo que quería pasar desapercibido…). Parece que el problema era que le habían ajustado mucho la montura…


Desensillamos, nos explican cómo utilizar las monturas y frazadas que lleva cada caballo para preparar un cómodo lecho…al aire libre mirando las estrellas…pero, no vamos a dormir en carpa??? dormir a la intemperie pensé que era para gente preparada con equipo de “vivac”. Comemos un rico e inesperado asado y con vino!!! Hermosas estrellas…y Fabi contando su estadía con Inés en Malargüe, visitas a la vinería, historias poco claras, etc, etc.


No sé si ese mismo día, al día siguiente o un día después descubro que Marcelo P. y Silvana se parecen mucho, serán hermanos? Ahhhhh, ya entiendo, Tommy es hijo de Marcelo, y Antonella y Sofía de Silvana…(mentira, creo que me llevó algunos días más descubrir el parentezco).


Sobrevivimos al “vivac”, desayunamos y una inquietud: cómo subo al caballo? problema 1: soy petiso, problema 2: el caballo es muy alto, problema 1+2: los estribos están por allá arriba. Observo a mis compañeros de cabalgata y comprendo que no soy original con mis problemas. Solución: una gran piedra que nos facilita montar.


Hermosa cabalgata hacia la ciudad perdida, paisajes increíbles, inimaginables, y mi caballito que bauticé “Pehuenche” que responde a las mil maravillas. Primeros senderos con precipicio. Paramos a almorzar y una nueva sorpresa, “choripán”.


No sé cómo pero llegamos a un lugar con un paisaje abierto donde Marcelo nos desafía: quiénes se animan a bajar por la pendiente de arena de 45°? y yo aunque ya tenía confianza en Marcelo me pregunto: venimos bien, segunda vez que me subo a un caballo, para qué desafiar al destino, tengo dos hijas, Cele pregunta: vamos?… no, por las dudas no…. Dale…bueno, qué decida el caballo…y por suerte, siguió por el camino supuestamente seguro…En el medio, Silvana le rogaba a su caballo que siguiera caminando…pero él se empecinaba en hacerla sufrir…


Nadie salió lastimado y seguimos camino hasta el campamento…un corral rodeado con piedras y con mucha bosta. Ese día llegamos medio desarmados luego de siete horas de cabalgata y con un poco de frío…Carpa?… no mi amor, está hermoso para disfrutar las estrellas…Milanesas de cena, unos arriba de otros muy cerca del fuego, vino (otra vez!!!) y una bebida espirituosa como para no irse a dormir…Andrea revelando sus intenciones, Fabi, Inés y Marcelo P. intentando transmitirle su “experiencia de vida”, Cele, Gaby y yo sólo testigos. Héctor y Eugenio (los baqueanos) soportando la estupidez ajena…pero, qué buena que estaba esa bebida caliente preparada con ginebra y algo más…


Otra noche estrellada y de supervivencia a la intemperie…Mañana yo pido carpa (estamos a 2000 mts, si seguimos subiendo nos vamos a morir de frío!!!).


Nos preparamos para el 3er día, “lleven agua pero no carguen del arroyo porque hay ganado que la contamina, tomen de la vertiente”…p…. madre! hubieran avisado antes, ya me tomé un litro de agua del arroyo. Una nueva piedra nos ayuda a subir al caballo, pero esta vez sin pedirle ayuda a nadie.


Es un día especial, hoy vamos a llegar al hito Argentina-Chile, aproximadamente a 3000 mts de altura. Llegamos sin inconvenientes y milagrosamente logramos hacer una formación con un caballo al lado del otro para la foto de Argentina Extrema, 24 jinetes ordenaditos con sus manos en alto y algún que otro arriesgado que se para sobre el caballo (Jorge, “el solitario”).


El descanso del almuerzo le permitió a las chicas darse su primer baño (en una cascada) bajo la atenta observación y filmación de Jorge, quién desde las alturas según dice él, sólo tomaba los paisajes…


Cele, Mariela, Gaby y creo que Fabi pasaron a ser las limpias del grupo (seguramente fueron más pero mi limitada memoria me impide recordarlo, de lo que sí estoy seguro es que yo hasta ese momento no veía la “necesidad” de bañarme).


El día terminó en un hermoso lugar con una cascada de fondo y unos exquisitos capelletinis, que devoramos. La noche la compartimos con 3 gendarmes que al día siguiente debían ir hasta el hito a comprobar que nuestros amigos chilenos no hayan corrido el límite para agrandar la “patria trasandina”.


Carpa? no, otra hermosa noche con las mismas estrellas que los días anteriores…


Un nuevo día comienza. Ese día, llamativamente, nos dieron toda la mañana libre para reponer energías, ir a la cascada, bañarnos (será necesario???).


Salimos con Fer para hacer un mini-trekking que luego se transformó en un micro- trekking porque apenas fuimos hasta la cascada. La doble cascada resultó no sólo muy linda como paisaje sino que también cumplió la función de ducha e hidromasaje…fría, muy fría..


Voy a hacer un repaso de quienes se bañaron con jabón y shampú: Pablos (los 2), Diego, Fer, Tommy, Inés, Fabi, Cele y Gaby. Sí, sí, después se sumaron Silvana y Andrea, por otro lado Marcelo P, Anto y Sofi y según refieren los cordobeses, ellos también se bañaron pero en el arroyo al lado del campamento (alguien los vió?). Cuando estábamos por volver, Fabi se preocupa porque no tenía un pantalón seco para volver al campamento…No voy a ir en tanga y pasar por delante de los gendarmes y los baqueanos, sería muy desubicado…y se puso una calza mojada…Para nuestra sorpresa (o no tanto), Andreita apareció en el almuerzo en colaless paseándose delante de todos como si nada (incluidos los gendarmes, que quien sabe cuánto hacía que no veían algo parecido). Arroz con atún, perdón con Caballa, para mí buenísimo pero parece que a alguno no le gustó (Fabi).


Nos preparamos para hacer por la tarde una cabalgata corta. Subo al caballo sin ningún tipo de ayuda (sí, desde el piso nomás), estoy hecho un jinete experto, no me para nadie…Pero ahí es cuando Marcelo nos cuenta por donde vamos a subir, un cerro con la ladera extremadamente empinada, pero no se preocupen que es un camino muy seguro…Y bueno, si el lo dice, será así.

Subimos, subimos, subimos y la cascada que se ve cada vez más chiquita, impresionante el paisaje, para los que lo miramos. No es el caso de Silvana por ejemplo, que sólo rogaba que se terminara esa tortura vertiginosa…Y seguimos subiendo, cada vez hay más rocas desprendidas, cada vez se empina más…Se me pone la piel de gallina cuando tomo conciencia de dónde estamos, el paisaje es imponente, la cascada es un puntito allá abajo, la cordillera se abre….el senderito se complica, subimos en zig-zag, pienso en la locura de Marcelo en llevar a un grupo tan grande de jinetes inexpertos por lugares tan complicados, pero le agradezco su locura y seguimos… nos inclinamos mucho, pero que lindo qué es!!! qué bueno que los caballos saben dónde pisar…pero porque nos paramos en este lugar tan inclinado?..nooo, el caballo de Inés no tiene mejor idea que ponerse a cagar en pleno ascenso, y no avanza… A pesar de todo llegamos a la cima del….cómo se llamaba? Después de ese ascenso me digo “esto es increíble, nunca imaginé que podía ser así, ya nada me va a sorprender”


Luego de cabalgar un rato por un terreno más llano, llegamos a un lugar con arena, aparentemente muy “acogedor” donde acampamos. Por la tarde-noche mientras estábamos reunidos esperando la cena, recibo de mi “amiga” Fabi la piedra del juego que había iniciado Fer, lo que había escuchado era que el que se quedara con la piedra el último día de cabalgata tendría que pagar una ronda de cerveza para todos en el refugio. Rápidamente le pregunto a Gaby si quería un plato…Sí, gracias….tomá la piedra (Uf, zafé). Esa noche comí tres platos de lentejas que estaban buenísimos….pero que a la madrugada me pasaron factura. Una vez más, dormimos bajo un manto de estrellas…lástima que en medio de la noche tuve que abandonar el “confort” de la bolsa para ir al baño…qué hago? salgo? pero está muy frío, mejor me aguanto…Ahhh, no, no, a la mañana no llego, mejor salgo….qué frío…No veo nada, se me desarmó la linterna…me apuro…qué gil, casi me caigo al arroyo…por acá estará bien…y ese ruido? son pasos, serán los caballos?…Y a la mañana, escarcha sobre las bolsas, no era rocío, esta vez había helado y yo no había pegado un ojo en toda la noche…y encima, tengo las piernas paspadas…


Ah, me olvidaba, durante la noche nos había visitado un puma que dio vuelta las cosas de la cocina…


Estoy cansado, dormí mal y Marcelo nos anuncia un largo día de cabalgata con un descenso importante por la tarde…pero subo nuevamente sólo al caballo!!! (sí, está bien, está bien, no se los cuento más)

Hermoso día, como todos los anteriores, subimos, bajamos, cruzamos arroyos, casi una rutina ya…Paramos a almorzar al lado de un arroyo con el agua templada, metemos las patas en el agua, nos refrescamos y comemos unos ricos tacos preparados por Deby y Marce, y duraznos en almíbar!. El caballo de Tommy se vuelve a echar como tantas otras veces…pero sin él arriba (eso sólo lo hizo el mío).


Marce nos cuenta que en un rato vamos a hacer un descenso con mucha pendiente, de unos 45 min., pero que no nos preocupemos, que el camino es seguro (otra vez dice lo mismo, le sigo creyendo??? a esta altura con todo lo que pasamos…). Seguimos cabalgando por lugares hermosos, raros paisajes que parecen de otro planeta. Los caballos (y sus jinetes) ya trotan más seguido, algunos galopan. Está bueno trotar, pero pará, pará que tengo las piernas paspadas…bueno, dale…mejor galopemos que me duele menos…uy, uy, se me aflojó la montura? tengo la bolsa de dormir toda caida para un costado…voy a tener que pedir que la acomoden…Marce!


El paisaje se vuelve a abrir y llegamos al lugar del descenso, qué lindo lugar!!! mirá, mirá, allá se ve una ruta (como mil metros más abajo)…mirá, un auto!!! Al igual que en el hito fronterizo hacemos una formación con un caballito al lado del otro para una nueva foto (esta se la tenemos que cobrar, seguro que la usan para promocionar la cabalgata…24 jinetes….)


Comienzan los 45 minutos alaniz de descenso…empinado eh?.. no se preocupen que el caballo sabe donde pisar….a la mierda! el mío trastabilló…si se cae uno me parece que se caen todos…Silvana otra vez sufriendo, no distingo lo que dice…Esto es como una montaña rusa muy larga…Y Cele? no tenía vértigo? Qué genia, se lo bancó re- bien, no dijo nada. Pero vale la pena ese stress, esa adrenalina, somos parte del paisaje increíble de la cordillera, vuelvo a pensar lo loco que está Marcelo, cómo nos va a traer a acá….qué capo, gracias Marce!!! Pero cuánto hace que empezamos a bajar? dos horas? no eran 45 minutos?


Estamos llegando al llano, pasamos al lado de una laguna. Qué buena foto voy a sacar…clic…mirá Cele, está buenísima…., se pusieron todos a galopar…y el mío también…casi me voy al carajo y pierdo las riendas…y la cámara. Yo queriendo mostrar lo lindo que habían salido, que se jodan…no saco más fotos…


Vamos galopando al costado de la laguna y con el cerro Campanario de fondo…qué manera de disfrutar…pero yo a la mañana estaba cansado, había dormido mal. Esta vez no me joden, hoy duermo en carpa.


Llegamos a un hermoso valle ideal para acampar (con carpa, eh!). Otra vez la misma historia…mi amor, está re-lindo para dormir afuera…yo quiero carpa, estoy re-cansado, anoche no dormí. Finalmente, por primera vez me arman la carpa…qué bueno!!!…che, la verdad es que no hace nada de frío, será necesaria?


Héctor y Eugenio comienzan a prepa rar un chivito, un chivito? de dónde sacaron un chivito?…lo fueron a buscar hoy y lo carnearon…Estoy muerto de cansancio, me iría a “mi carpa” …pero no, disfrutemos los cuentos de los cordobeses, mientras esperamos la comida. Buenísima cena, otra vez con vino!!! Pablo revela qué cosas lo apasionan (ver capítulo IV) y nos deja atónitos, mudos y con cierta vergüenza ajena cuando cuenta sus “locuras” trabajando en Garbarino (sucursal Pompeya, digo, para que mejor no vayan). Y Mariela que quisiera que se la trague la tierra…


Duermo muy bien pero me pierdo las estrellas, igual son las mismas de ayer, antes de ayer, etc, etc, ya las conozco a todas…


Hacemos una sesión de fotos previa a las últimas horas de cabalgata, en pocas horas nos vamos a despedir de nuestros caballos y también de Eugenio y Héctor que tanto nos ayudaron (y nos aguantaron) durante la cabalgata. Fabi me dice “vos que sos el fotógrafo, nos sacás una foto?” y yo que soy muy sincero le digo “no, la fotógrafa es Cele” y después me enteraré de que gracias a esa respuesta había zafado de la piedra (era el último día de cabalgata).


Y salimos nomás, ya con un poco de melancolía por separarnos pronto de nuestros caballitos, rumbo al pie del cerro Campanario donde nos esperaban el refugio y las termas.


Pero en el medio tuvimos nuestro tiempito para poder galopar en una amplia vega. Que levanten la mano los que van a galopar!…. ya los miedos habían quedado atrás….Yo!!! éramos muchos pero no todos…una vez que empezamos a galopar los que quedaban no aguantaron y se sumaron…volaron abrigos, cámaras y alguna cosa más, las alforjas se dieron vuelta o se rompieron pero…qué placer!!! Lo quiero repetir…y Marce nos da una nueva oportunidad…


Ahora si, falta poco para llegar, los caballos se apuran porque saben que es la vuelta a casa…y para nosotros parece que también…pero no quiero volver! Nos cruzamos en el camino con un auto, algo que nos resulta sumamente raro. Nos acercamos al camping donde están las termas y Pablo me pregunta “ese es tu barrio, no?” (mientras me muestra un cartel que dice “no sé que…Flores”) y yo le digo “Sí” pero pienso “qué pregunta tonta” y Pablito (a metros del final) me da la piedrita…Por suerte, a mi lado pasaba Gaby (a quien yo le había pasado la piedra anteriormente) y, ni lerdo ni perezoso le pregunto “Galopaste Gaby?” y Gaby con una hermosa sonrisa me dice “Siiii!!!” y yo con una culpa espantosa le paso la piedra… A punto de entrar veo que Gaby habla con Sabine…y le pasa la piedra. Ya adentro Sabine intenta en vano entregarle la piedra a Fer…Sabine ha perdido…y nosotros nos aseguramos una ronda de cerveza!!!. Pero, qué pasó? tomamos cerveza sí pero las que tenía que invitar Sabine, dónde están???


Comimos fideos en el refugio aunque estábamos un poco ahogados, extrañábamos el aire libre…. Pasamos el día en las termas haciendo puro huevo. Yo no me metí porque estaban muuuuyyyy calientes, pero sí lo hice en el río que estaba muuuyyyy frío donde, además de higienizarnos, hicimos con Fer un poco de “floating” en los rápidos (por decirles de alguna manera). Hasta ese momento tenía la sensación de que era un día medio al dope pero después, debo reconocer, fue otro día para vivir nuevas experiencias y conocernos todos un poco más…


Hicimos un mini-trekking para ver fósiles, pero no fue una cosa así nomás, teníamos un Geólogo!!! Sí, Fer nos guió y el otro Fer (el cordobés) nos nutrió con sus conocimientos.


Y a la noche…Cordero con papas fritas!!!…Qué bien comimos! pero no sólo ese día, durante toda la cabalgata. Hasta ese momento Marcelo estaba “orgulloso” del grupo, decía que era “el mejor grupo que había tenido, que era excepcional”, opinión que horas después ya no pudo sostener…


En la cena “obviamente” tomamos vino…y más vino…Avanzada la noche el refugiero nos dijo que tenía que apagar las luces pero que igual nos podíamos quedar, por las dudas, antes que se fuera le pedimos otra jarra de vino…y cerveza…


Estamos llegando al final; sin embargo, al igual que al comienzo, todo se estira. Y mejor que fuera así, aunque en ese momento al haber terminado la cabalgata muchos ya deseáramos llegar a Bs. As. Todavía nos quedaba pasar por Las Loicas, comer unas exquisitas empanadas, ir a lo de Marcelo (previo empuje y remolcada de la camioneta de Marce), vaciar las alforjas, recuperar las mochilas….y el celu!!!…explico que la alegría tiene que ver con la posibilidad de comunicarme con Ludmi y Sofi después de una semana. noooo, no hay señal…Ahora sí, apenas una línea…y el alivio, las nenas están bien! ahora podemos seguir disfrutando.


Siempre creí que lo de que terminábamos en un hotel 5 estrellas en Malargüe era una joda de Fer; para mi sorpresa, cuando llegamos al hotel efectivamente era así. Confieso que sentí cierta vergüenza al entrar con las mochilas y con el aspecto que tenía (yo al menos). Nos toca una linda habitación con una enorme cama matrimonial como para disfrutar con Cele pero con un detalle, hay otra cama más…la de Sabine. Me conformo pensando que si hubiera sido el año anterior estaríamos todos compartiendo un hostel, además lo único que me interesa es darme un lindo baño y descansar…


Como estábamos atravesando un período de adaptación a la civilización, todos después de bañarnos, salimos y nos instalamos en el hermoso green del hoyo 1…obviamente, unos mates después, nos pidieron amablemente que nos corriéramos de ahí.


Después, ya instalados civilizadamente en las sillas y mesas (pero afuera) nos fuimos sumando todos y terminamos de conformar un grupo que a esa altura ya se podría definir de amigos…Llegó la emotiva cena donde todos, de una u otra forma, expresamos lo que había significado esta cabalgata por la cordillera. Mucha emoción, muchas lágrimas, nostalgia…Me sorprendió como Deby nos definió a cada uno, parecía que nos conocía desde siempre.


Pero…alguien dijo, salimos? y a donde vamos? a ….., Cele me dice “qué hacemos?”… y vamos….


Uy!!! son las seis y media, y a las nueve hay que estar arriba. A dormir…


La despedida. El grupo se fue disgregando desde la mañana al salir del hotel, pero quedó un núcleo que por la tarde después de compartir el almuerzo, terminó de separarse. En la plaza de Malargüe Fer, Diego, Pablo, Mariela, Sabine, Cele y yo nos despedimos de Fabi, Inés y Gaby, y tomamos el micro que nos llevó a San Rafael. Les puedo asegurar que en el viaje que finalmente nos trajo a Bs. As. no dejé de pensar en cada uno de los que compartimos esta aventura y desde ese momento, los empecé a extrañar mucho…


Autor: Pablo Graviña